(NOTICIA PATROCINADA) Relleno sanitario y vertedero no son lo mismo. Y esa diferencia importa
Lo que muchos imaginan cuando escuchan "relleno sanitario" no tiene nada que ver con lo que es en realidad. Una guía para entenderlo
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Cuando alguien escucha que se quiere construir un relleno sanitario cerca, la primera imagen que aparece suele ser la de un basural a cielo abierto: mal olor, moscas, líquidos oscuros escurriendo por el suelo. Es comprensible. Pero esa imagen corresponde a un vertedero, no a un relleno sanitario. Y la diferencia no es menor.
El vertedero: basura sin control
Un vertedero es, en términos simples, un espacio donde se abandonan los desechos. Sin impermeabilización, sin tratamiento de líquidos, sin monitoreo. Los vertederos presentan una serie de amenazas para el medio ambiente y las personas: proliferación de vectores sanitarios, olores, y contaminación de suelo, aire y aguas superficiales y subterráneas. No hay ingeniería detrás. No hay norma que se cumpla. Es, simplemente, basura acumulada.
El relleno sanitario: ingeniería con propósito
Un relleno sanitario es algo completamente distinto. Son proyectos de ingeniería que incluyen un sistema de impermeabilización de base lateral y superficial, un sistema de recolección, conducción y tratamiento de lixiviado, y un sistema de recolección, conducción y tratamiento de la fracción gaseosa. Estos aspectos permiten minimizar los impactos ambientales, sanitarios y sociales.
Dicho en palabras simples: la basura no toca el suelo directamente. Hay una barrera física que impide que los líquidos que genera la descomposición de los residuos lleguen a las napas de agua.
¿Qué es el lixiviado y por qué importa tanto?
El lixiviado es el líquido oscuro y de olor fuerte que se produce cuando la materia orgánica se descompone y se mezcla con el agua de lluvia que penetra en la basura. En un vertedero, ese líquido se filtra libremente hacia el suelo y las aguas subterráneas. En un relleno sanitario moderno, en cambio, ese líquido se capta, se conduce y se trata en una planta especializada antes de ser liberado. Los rellenos sanitarios son obras de ingeniería que reducen riesgos sanitarios mediante impermeabilización del suelo, manejo de lixiviados, captación de gases y cobertura diaria.
El olor: el mito más extendido
La preocupación por el olor es la más común entre los vecinos de cualquier proyecto de este tipo. Y es legítima. Pero también está basada en la imagen del vertedero, no del relleno sanitario. En un relleno moderno, los residuos reciben cobertura diaria con tierra u otro material, lo que reduce casi por completo la emisión de olores. La normativa chilena —el Decreto 189 del Ministerio de Salud— exige sistemas eficaces en el control de olores molestos y regula expresamente las instalaciones capaces de generarlos. Además, los proyectos que ingresan al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental deben acreditar con estudios técnicos que los olores no afectarán a las comunidades vecinas.
El agua subterránea: monitoreo permanente, no promesa
Otro temor frecuente es la contaminación del agua. En un relleno sanitario regulado, eso también está cubierto. El monitoreo es una parte clave para cualquier relleno sanitario: mediante la aplicación de arcilla comprimida en la capa inferior, los ingenieros pueden controlar si hay agua que se filtra desde el suelo hasta el relleno o desde el relleno hasta el suelo, ya que esto causaría un peligro para la salud del agua subterránea. No es una promesa: es una obligación legal con mediciones periódicas y reportes a las autoridades.
Piedra Larga: un centro de manejo, no un basural
El Centro de Manejo de Residuos Piedra Larga, proyecto en evaluación en el SEA para la provincia de Linares, incorpora todos estos estándares: planta de tratamiento de lixiviados, monitoreo permanente de aguas superficiales y subterráneas, cobertura diaria de residuos y cumplimiento íntegro del DS N°189. A diferencia del vertedero —donde solo se abandonan los desechos— y del relleno sanitario convencional, un centro de manejo de residuos realiza un tratamiento a los residuos e incluye un proceso de valorización del producto final, fomentando la economía circular.
"Hay cosas que podemos controlar en un centro de manejo que distan mucho de lo que es un basural o un vertedero. El manejo del lixiviado, el cierre basal del terreno para evitar filtración a las napas, la cobertura diaria que mitiga la totalidad del olor. Eso es lo que diferencia a Piedra Larga", explica Elvis Bojórquez, director del proyecto.
La próxima vez que alguien diga "es lo mismo que un vertedero", ya sabes que no lo es.