Abogado César Concha Gatica: la mejor emergencia es la que no ocurre
"Las intensas lluvias de los últimos días volvieron a poner a prueba a Linares. Hubo calles anegadas, sectores afectados y familias que vivieron horas de incertidumbre. Afortunadamente, nuestra ciudad no enfrentó una tragedia de la magnitud que muchos temían. Pero eso no significa que el peligro no existiera. Cada temporal deja una enseñanza. Y esta vez no fue la excepción. Una ciudad demuestra su verdadero carácter cuando enfrenta momentos difíciles. No solo por la capacidad de reaccionar ante la emergencia, sino también por la forma en que sus habitantes se organizan, colaboran y se preocupan unos de otros. En esos momentos es cuando aparece lo mejor de una comunidad. Quiero expresar un sincero reconocimiento a quienes estuvieron en terreno durante estos días: Bomberos, Carabineros, funcionarios de salud, equipos municipales, trabajadores de las empresas de servicios básicos, personal de emergencia, dirigentes sociales, juntas de vecinos y tantos voluntarios anónimos que dejaron de lado sus propias preocupaciones para ayudar a otros. Muchas veces su trabajo pasa desapercibido, pero gracias a ese compromiso muchas familias pudieron enfrentar esta emergencia con mayor tranquilidad", dijo el ex SEREMI de Bienes Nacionales en el Maule
Por César Concha Gatica (abogado y ex SEREMI de Bienes Nacionales en el Maule)
Las intensas lluvias de los últimos días volvieron a poner a prueba a Linares. Hubo calles anegadas, sectores afectados y familias que vivieron horas de incertidumbre. Afortunadamente, nuestra ciudad no enfrentó una tragedia de la magnitud que muchos temían. Pero eso no significa que el peligro no existiera.
Cada temporal deja una enseñanza. Y esta vez no fue la excepción.
Una ciudad demuestra su verdadero carácter cuando enfrenta momentos difíciles. No solo por la capacidad de reaccionar ante la emergencia, sino también por la forma en que sus habitantes se organizan, colaboran y se preocupan unos de otros. En esos momentos es cuando aparece lo mejor de una comunidad.
Quiero expresar un sincero reconocimiento a quienes estuvieron en terreno durante estos días: Bomberos, Carabineros, funcionarios de salud, equipos municipales, trabajadores de las empresas de servicios básicos, personal de emergencia, dirigentes sociales, juntas de vecinos y tantos voluntarios anónimos que dejaron de lado sus propias preocupaciones para ayudar a otros. Muchas veces su trabajo pasa desapercibido, pero gracias a ese compromiso muchas familias pudieron enfrentar esta emergencia con mayor tranquilidad.

También es justo reconocer el comportamiento de la gran mayoría de los vecinos. Quienes siguieron las recomendaciones, evitaron desplazamientos innecesarios, colaboraron con sus comunidades y comprendieron que, frente a una emergencia, la responsabilidad individual también protege al resto. La prevención no depende únicamente de las autoridades; depende de todos.
Esta experiencia inevitablemente me llevó a recordar las inundaciones de 2023. En aquella oportunidad me correspondió acompañar a la Delegada Presidencial de la época en el sobrevuelo de las cuencas del Achibueno y del Ancoa para evaluar la magnitud de los daños que afectaban a nuestra provincia.
Desde el aire observamos una imagen difícil de olvidar. Caminos completamente destruidos, puentes dañados, viviendas rodeadas por el río e incluso casas que parecían haber quedado en medio de su cauce. Pero lo más impactante no era el paisaje, era la angustia de las familias que no sabían cuándo volvería la electricidad, el agua potable o el acceso a sus hogares. Era la incertidumbre de agricultores que veían perder el esfuerzo de años y de comunidades completas esperando ayuda para salir adelante.
Aquella experiencia dejó una convicción que hoy cobra más sentido que nunca: los ríos no son nuestros enemigos. El Achibueno y el Ancoa forman parte de la identidad de Linares. Nos entregan vida, paisaje y desarrollo, pero también necesitan que respetemos su espacio. Cuando ocupamos sus riberas sin planificación o intervenimos sus cauces sin comprender su dinámica natural, el riesgo aumenta y las consecuencias las terminan pagando las personas.
Por eso, cuando un temporal termina sin una gran tragedia, no deberíamos decir simplemente que “no pasó nada”. Lo que ocurrió fue que cientos de personas hicieron bien su trabajo y una comunidad volvió a demostrar que la solidaridad sigue siendo una de sus mayores fortalezas. Esa también es una forma de prevenir.
Ojalá que, cuando las lluvias queden atrás, no olvidemos las lecciones que dejan. Sigamos fortaleciendo la cultura de la prevención, respetando nuestros ríos, mejorando la planificación de la ciudad y valorando a quienes siempre están disponibles cuando más se les necesita.
Porque, al final del día, la mejor emergencia no es la que mejor enfrentamos. La mejor emergencia es la que logramos evitar gracias a una comunidad preparada, responsable y unida.